Brasil – España, cuestion de reciprocidad
Las actuales relaciones entre Brasil y España no pasan por su mejor momento. Una batalla se viene librando hace tiempo en los controles de inmigración de los aeropuertos internacionales de ambos países. Al parecer, a partir de ahora, la mano de obra española, excedentaria en este momento, no va a ser bienvenida a la fiesta de la emergencia brasileña.
Brasil busca convertirse en un país de inmigrantes profesionales.
Un país que en los últimos años ha posibilitado que 28 millones de personas superen el nivel de la pobreza extrema y que otros 39 ingresen en las clases medias, tiene mucho futuro por delante. Han contribuido a esta expansión sus ingentes riquezas naturales y agrícolas, el auge del crédito y del consumo. El gigante americano ha crecido también gracias a la buena coyuntura histórica y a la consolidación de sus instituciones democráticas, lo que lo convierte en el país más democrático de los emergentes. El riguroso respeto al Estado de Derecho por parte de los presidentes izquierdistas, ha inspirado la confianza necesaria para que los inversores extranjeros fluyan en cascada, cargados de moderna tecnología y de sus holgados capitales. Nadie imaginaba que un día Brasil podría ofrecer ayuda al FMI y a los países europeos, de los que hoy recibe mano de obra. El paro se ha reducido a los niveles más bajos en décadas y en muchos sectores, las empresas no consiguen los trabajadores que necesitan. Se ha generado así una gran demanda de trabajadores cualificados, que el país necesita pero que, de momento y por algún tiempo, no tiene capacidad de autoproporcionarse. Por el contrario, la tasa de paro en España está en máximos históricos y una de las alternativas al exceso de oferta de personal cualificado es emigrar. La posibilidad de encontrar mejores oportunidades laborales fuera de España, tiene entre los destinos elegidos a Brasil. De momento, no hay pruebas de que se esté produciendo una salida significativa de población autóctona desde España a Brasil pero podría estar ocurriendo que los registros estadísticos no reflejen el movimiento real porque los emigrantes tienen pocos incentivos para darse de alta en el Consulado del país de destino. De lo que si hay pruebas es de que Brasil está en una nueva fase de inmigración después de 20 años en los que primaba la emigración.
Ante este panorama, Brasil está trabajando en una nueva política de inmigración que agilizará los trámites de contratación de personal cualificado extranjero. Se está elaborando una nueva legislación llamada de “inmigración selectiva” que facilitará, de momento, la entrada a unos 400.000 trabajadores. El número de extranjeros llegados legalmente a Brasil ha crecido un 52,4% en 2011. El Ministerio de Trabajo, a pesar de la compleja y burocrática legislación de inmigración actual, que es de 1980, concedió 51.353 autorizaciones de trabajo a extranjeros, un aumento de un 32% en relación al mismo periodo del año anterior. Y entre estos datos, cabe destacar que los inmigrantes extranjeros en busca de trabajo que más han crecido han sido los españoles, con un aumento de un 45% en los últimos cuatro años.
La historia se repite, sólo que con un cambio de escenario y de protagonistas.
El conflicto aduanero entre España y Brasil parece haber resucitado. En realidad, nunca terminó, solo que ahora se han invertido los papeles. Se desató en 2008 a raíz del rechazo de ciudadanos brasileños en Barajas, expulsiones que han ido teniendo sus réplicas en Brasil, muchas veces en función de los números de Barajas, una sucesión de ciclos que parecen haber llegado a su cenit. Brasil siempre ha opinado que los rechazos eran masivos e injustos y muchos brasileños interponían denuncias. Quejas que han continuado en el tiempo y que siempre tienen los mismos elementos: agentes poco amables que aplican arbitrariamente los criterios de ingreso, estancias mal equipadas para la retención de los deportados, falta de comida y bebida y en general, un trato vejatorio, todo ello normalmente aireado con profusión por la prensa brasileña. Las quejas han ido calentando el ambiente y ahora el gobierno de Dilma Rousseff ha decidido responder con la misma moneda: a partir del 2 de abril endurecerá los requisitos de entrada a los turistas españoles. Si quieren visitar Brasil tendrán que cumplir una serie de condiciones similares a las que tienen que tener en cuenta los brasileños que van a España.
Esta mayor rigidez en el cumplimiento de los requisitos de entrada se aplicará sólo a españoles y no a otros ciudadanos de países del espacio Schengen. ¿Por qué? Itamaraty, el Ministerio de Exteriores brasileño, justifica la medida en el rigor con que la policía española aplica las normas de entrada en el aeropuerto de Barajas, donde la ausencia de la carta de invitación es la principal causa de retención. No es España quien exige nada adicional pues es un recurso exigido por todos los países europeos a la entrada de brasileños. La diferencia es que al parecer Madrid, por ser la puerta de entrada de América Latina, ha exhibido un exceso de celo en el control de sus fronteras, y por ende de Europa, y por eso mantiene prácticas más rigidas que sus vecinos. El último episodio de esta guerra, se dio en Barajas a principios de marzo de 2012 y siguió el patrón mencionado. Una anciana brasileña de 77 años pasó tres días retenida en Barajas, su hija y su yerno viven ilegalmente en España y tienen orden de expulsión, motivo por el que no pudieron hacerle la carta de invitación. Las autoridades españolas ofrecieron un pasaje de vuelta inmediata pero la familia prefirió esperar al vuelo de Air China en el que había viajado, que salió sólo tres días después, algo que la prensa brasileña utilizó malintencionadamente para cargar contra España la ira del pueblo brasileño, sin haber entrado en los detalles del caso.
A pesar de que ambos países dicen gozar de una excelente relación bilateral, España parece haber jugado mal sus cartas con Brasil. El Gobierno brasileño, consciente de su poderío como potencia emergente, ha decidido reaccionar. ¿Por qué ahora precisamente, en plena crisis económica en España, y no cuando estalló el conflicto en 2008? Brasil ha matizado que los nuevos parámetros son únicamente para acercarse más a la normativa europea, así que la posibilidad de que esto cambie es nula a no ser que España también modifique sus exigencias, algo imposible ya que es competencia de la UE. Todo indica que a partir del 2 de abril las repatriaciones aumentarán y no sólo afectarán a los turistas, en la práctica va a suponer una barrera de entrada a los profesionales españoles en busca de empleo, pues todos comienzan su estancia aquí con los documentos de visitante. La decisión es legítima pero lo lógico sería una reacción contra la entrada de ciudadanos de todos los países Schengen y no sólo para España.
La reciprocidad no soluciona el problema.
Para solucionar la crisis de 2008, ambos gobiernos acordaron desarrollar distintas fórmulas de cooperación policial y canales de interlocución para mejorar la situación de los no admitidos en los aeropuertos y resolver con agilidad los incidentes que pudieran surgir. El gobierno español, consciente de lo delicado de la situación, viene ideando posibilidades de paliar este freno a los brasileños. En la práctica no significaría cambiar las exigencias, que son las mismas para todos los ciudadanos no europeos, sino simplemente dejar de interrogar brasileños, algo que ya viene siendo hecho, como muestran los datos sobre la cantidad de brasileños retenidos que va en descenso desde 2.196 en2008 a 1.714 en 2009 y 1.400 en 2011. Está claro que los controles fronterizos europeos están pensados para frenar la inmigración ilegal, no hay duda de que ahora habrá que revisarlos, teniendo en cuenta las posibilidades de los nuevos países emergentes. No se trata de reducir la seguridad ni el control de los pasajeros, sino de crear herramientas que faciliten la emisión de visados y reduzcan los costes para los viajeros.
Por otro lado, el gobierno brasileño ha anunciado la medida como un mero asunto de reciprocidad, pero podría interpretarse también como una consecuencia de la actual coyuntura económica: el mercado laboral brasileño está en plena efervescencia, mientras que en España el paro no deja de aumentar. La preocupación de Brasil ahora es que no se descontrole la llegada de extranjeros y que todo se lleve a cabo por las vías legales, es perfectamente legítimo, pero al mismo tiempo puede limitar una fuente grande de trabajo cualificado de la cual carece. España es competitiva en sectores como el del turismo, la energía o las infraestructuras de los que Brasil se puede beneficiar ampliamente.
Sería interesante tener datos de inmigración ilegal, prostitución, tráfico de drogas y demás actividades ilícitas de españoles en Brasil y viceversa, para hacer la comparación de qué perfil de personas se retiene a un lado y otro. Si los controles en las fronteras se recrudecen, el turismo puede acabar resintiéndose, algo que no beneficia a ninguno de los dos países. Brasil posee un sector turístico aún incipiente y puede tener un desarrollo brutal. A España tampoco le interesa complicar la entrada del turista brasileño. La crisis ha cambiado el mapa del turismo internacional y Brasil ya no puede ser visto sólo como un emisor de emigrantes. Brasil está entre los países que han aumentado su flujo turístico y de gasto en turismo hacia España. Teniendo en cuenta esto EEUU acaba de lanzar una serie de órdenes para facilitar el acceso de los viajeros al país, entre ellas la de incrementar la capacidad de procesar visados turísticos en Brasil y China un 40% el próximo año.
A pesar de que Brasil haya puesto el foco sobre España, no cabe duda que la solución, una vez más, tendrá que venir de la mano de la UE, aunque de momento será España quien tenga que mover ficha en el tablero diplomático. Aún está por tomar posesión de su cargo el nuevo Embajador de España en Brasilia pero ya está confirmada la presencia del presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, a la próxima Cumbre de la Tierra “Rio+20″ que se celebrará en Río de Janeiro en Junio, una buena oportunidad para tratar de resolver directamente el problema.
Carlos Amatriain Busto. São Paulo, Brasil.
Licenciado en Economía y en Ciencias Políticas, especializado en Relaciones Internacionales e Iberoamérica. Tras su experiencia cubana escribe ahora desde São Paulo, donde trabaja.












