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Los tuaregs ¿la fuerza oculta del desierto del Sahara?

La fuga y posterior captura de Said Al-Islam Gadafi en , el de trabajadores de la corporación francesa Areva en Níger y el secuestro en Argelia de dos cooperantes españoles y una italiana mientras realizaban actividades de ayuda humanitaria al pueblo saharaui, han vuelto a dar notoriedad a un pueblo con una presencia que se extiende por todo el desierto del y cuya influencia lame los confines de países del Sahel y el Norte de África.

Petroglifo de una jirafa de 8.000 años de antigüedad en DaBous, .

Presentados en la literatura por Vázquez-Figueroa o Jean-Marie Le Clézio, envueltos en el misticismo de aquellos que viven al margen del Estado y sólo se rigen por las leyes del desierto. Han sido vistos en ocasiones como aliados indispensables en las negociaciones con grupos armados presentes en la zona (especialmente en lo tocante a la rama magrebí de Al-Qaeda, AQMI), en otras, como problema a zanjar.

La presencia de los ha supuesto siempre un reto a los gobiernos de aquellos países donde están presentes. Las capitales los ven como un desafío al aparato estatal. No en vano, a la dificultad de los Estados de la zona para copar con igual intensidad el amplio territorio que ocupan, se suma una tradición secular de nomadismo que complica el diálogo y el control que se ejerce sobre los confines del territorio.  Ello dificulta el acceso a servicios que sí están al alcance del resto de los ciudadanos como la instrucción básica o el acceso a la justicia.

Aunque no se conoce con exactitud el número total de personas que componen este grupo étnico su población, se estima entre los 2.500.000 de las cifras más conservadoras hasta los 5.000.000 los más optimistas. A pesar del desacuerdo en torno a la cifra total, todas las estimaciones consideran que es Níger el país que más población tuareg alberga en su territorio.

Ha sido precisamente en este país, junto a , donde más activos se han mostrado. En 2006 dieron cuenta de su capacidad de organización con la fundación del grupo político MNJ (Mouvement Nigerien pour la Justice), aglutinando a diversos clanes tuaregs instalados en el norte de Níger.  En 2007 fueron más allá, protagonizando una auténtica demostración de fuerza al levantarse en armas contra lo que consideraban el expolio de las riquezas extraídas del territorio en que viven. Gran parte de las reivindicaciones giraron entonces alrededor de la redistribución de la riqueza derivada de la explotación de materias primas. No se puede dejar de lado el hecho de que Níger sea el octavo productor mundial de uranio, responsable del 5% de la producción mundial. Los mayores yacimientos se encuentran en el norte del país, próximos a las fronteras con Argelia y Libia. Sin embargo, los ingresos generados son transferidos directamente al sur, provocando fuertes tensiones entre Niamey y las poblaciones que viven en la franja desértica del norte, donde predomina la población tuareg.

Área de extensión de la presencia del pueblo tuareg.

En lugar de considerarlos exclusivamente como una fuerza hostil contra la que combatir, los gobiernos locales y las potencias occidentales vienen reconociendo en los últimos tiempos la necesidad de establecer puentes de conexión con el pueblo tuareg. Con capacidad sobrada para moverse a su antojo por las porosas fronteras de los estados sahelianos se han revelado como piezas claves para evitar una excesiva debilidad de los estados de la región cuyo territorio ya se usa para el comercio ilícito internacional y de base de entrenamientos para grupos terroristas ligados a Al Qaeda.

El número creciente de secuestros en la zona, la relevancia de los yacimientos mineros, el incierto futuro de la situación en Libia que obliga a todos los Estados colindantes a tener un ojo siempre en el retrovisor para observar lo que allí pasa y la necesidad de realizar un seguimiento milimétrico de los grupos armados que pueblan la región hacen de los tuaregs un interlocutor muy cotizado por sus conocimientos del terreno y su capacidad de negociación. Aspectos que ningún otro actor está en disposición de poder ofrecer y que constituyen razones de suficiente peso como para ser un fenómeno a observar en los próximos meses.

 Vicente Manjavacas.   Madrid. 

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Escrito por Vicente Manjavacas (Madrid)

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